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LA OREJA DE VANGOGH
Haritz
Garde
= Baterista
Xabi San martin
= Teclados
Alvaro Fuentes
=
Bajo
Amaia Montero
=
Voz
Pablo
benegas = Guitarra
La Oreja de Van Gogh se
forma tal y como es hoy a principios de 1996. Antes, Pablo, Xabi, Álvaro
y Haritz se conocían de la universidad. Un buen día decidieron
juntarse para (intentar) tocar algo de música como alternativa a las
interminables tardes de verano en la playa de Ondarreta.
Castigando versiones de U2, Nirvana, Pearl Jam ... etc. se atreven con
sus primeras composiciones. De pronto se dan cuenta que necesitan una
voz que lidere sus aún incipientes temas. Tras varios intentos con
personas cercanas (la amistad primaba ante el criterio musical ... ) y
después de un encuentro casual de Pablo con Amaia decidieron incorporar
una voz femenina a lo que desde aquel día ya era un quinteto.
Durante un año se dedicaron a juntarse cada viernes por la tarde después
de clase para tocar en su local. Con más ilusión que nociones
musicales comenzaron a componer temas que un año más tarde conformarían
su primera maqueta. Con muchos fines de semana de desmedida (e
improductiva) diversión a sus espaldas y unos recursos financieros
extraídos de las vueltas del pan, consiguieron acabar una maqueta que sólo
pudieron clasificar de "entrañable" ...
Sin embargo, ya habían roto el hielo. Después de protagonizar un inequívico
batacazo en el concurso Pop-Rock Ciudad de San Sebastián (que a tenor
de lo que La Oreja de Van Gogh ofrecía por aquel entonces no
hizo sino acreditar al concurso) el grupo se puso manos a la obra en una
nueva maqueta con de cara a la siguiente edición del concurso ...
Efectivamente, la Oreja se hizo con el primer premio en aquella segunda
ocasión. El momento de la entrega de premios lo recuerdan aún hoy como
uno de los más felices de su vida.
Decidieron
entonces probar suerte en el mundo discográfico. Y cual fue su sorpresa
cuando una llamada les confirma el interés de una multinacional por la
grabación de un LP, sobre todo teniendo en cuenta que era su primer
intento. Así pues, de la mano de Sony Music llegaron al estudio de
Alejo Stivel en Madrid. Poco a poco se fueron despojando del terror
provinciano a la gran urbe llegando incluso a coger un metro por sí
solos.
Por fín acaban "Dile al Sol", un primer trabajo de un grupo
primerizo. Con "El 28" sonando en todo el país la banda no
podía evitar detenerse cuando, andando por la calle, escuchaban su música.
Poco a poco el público fue acogiendo su propuesta, con lo que sólo
quedaba la más dura de las pruebas: el directo. Desde Navidad del año
98 hasta finales del 99, La Oreja de Van Gogh dio más de 150
conciertos. Al principio en condiciones más precarias y posteriormente
en una gira organizada. Cerca de medio millón de personas han
disfrutado del grupo en directo y todos han coincidido en destacar un
sonido compacto y fresco con una puesta en escena que dejaba entrever
que allí había cinco personas pasándolo realmente bien.
Tras un período de descanso que sirve a la banda para asimilar tantas
nuevas experiencias (fans, entrevistas, fotos, TV ...) se meten de lleno
en la composición de su segundo LP. Repleto de nuevas ideas y rebosante
de energía, "El Viaje de Copperpot" supone un lógico avance,
aún manteniendo el espíritu de La Oreja, en su trayectoria musical. Un
nuevo productor y un estudio de lujo hacen de la grabación de este
nuevo LP una experiencia riquísima e inolvidable para el grupo.
A fecha de hoy, sólo queda esperar las nuevas comparecencias de La
Oreja de Van Gogh en el medio musical así como una esperadísima
segunda gira para descubrir en directo el nuevo trabajo del quinteto
donostiarra. |
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"El viaje de Copperpot"
Goonies
se hacen llamar los niños, en una de cuyas peripecias peliculeras se
inspira La Oreja de Van Gogh, para dar título a su segundo álbum:
aquel que, sin duda, reafirmará el éxito cosechado con "Dile al
sol". Porque el grupo donostiarra continua tomándose el pop como
un juego. Un juego, eso sí, serio, pero sin reglas que lo vuelvan
cejijunto, cosa de músicos condenados a crecer y dejar de divertirse
tocando...
En una de sus aventuras, los Goonies deben reunir dinero para evitar que
a sus padres les embarguen la casa. Entonces, siguen la pista a un
tesoro, cuyo mapa les lleva hasta el esqueleto de Chester Copperpot, el
arqueólogo que en vano intentó cobrárselo. Y, aunque amateurs en la
labor, al final son ellos quienes encuentran el tesoro... Los Goonies
llegan, pues, con sus enredos allí donde los cazafortunas profesionales
no pueden hacerlo.
Y lo mismo parece haberles ocurrido a los músicos de La Oreja de Van
Gogh, alcanzando, con sus estribillos espontáneos, lo que no tienen
aquellos grupos que se empeñan en redondear grabaciones comerciales...
Eso sin dejar de ser un grupo de amigos. Amaia Montero a la voz
cantante, Pablo Benegas a la guitarra y al bajo Alvaro Fuentes, Xabi San
Martín a los teclados y Haritz Garde a la batería mantienen sin
cambios su quinteto. Y, lejos de que el cansancio de las giras o las
rivalidades por el protagonismo escénico les hayan afectado a las
relaciones personales, su progresiva compenetración ha dado forma a una
docena de nuevas canciones que romperán los esquemas de muchos. Sobre
todo, los de aquellos que achacaron su afortunado debut discográfico a
la suerte del grupo principiante...
"El viaje de Copperpot", en "versión" de La Oreja,
se inicia con ese juego de ritmos directos que atiende por "Cuídate",
todo un primer single pensado para reenganchar a los fans de su compacto
anterior, pero, también, para ponerles en guardia frente a lo que se
les "viene encima"... Porque si sus oscilaciones del reggae al
pop descarado parecen suponer un suma y sigue musical, se pinta sólo el
canto a la soledad beat y un puntito blues, que Amaia entona a
continuación... Un tiempo medio en el que La Oreja de Van Gogh
logra que la palabra "despedida" no suene triste.
Para seguir abriendo boca aparecen, después, los acordes con sabor
repentino a music-hall, cabaret y carrusel que encarrilan su tonada a "París".
Una tonada sentimental que, sin mayores referencias explícitas a la
Ville Lumiére, tiene también arreglos de cuerda y voces de regusto
soul. Nada que ver, sin embargo, con el divertido homenaje a la Bruja
Avería que trae consigo "Dicen que dicen". ¿Qué chaval de
veintipocos años no creció con aquel personaje de Alaska en la tele
matinal de los sábados? Eso, para que la sorpresa y la caña al mono no
decaigan en "El viaje de Copperpot"...
"La
Playa" es un título que, a continuación, transmite cierto
sosiego, llegados al ecuador del compacto y con las arenas de La Concha
donostiarra en el recuerdo. Con todo, su final resulta apoteósico y
sirve de preámbulo a los vientos que animan a "La chica del
gorro azul", otro de los temas que podrían remitirnos al
background popero que, hasta ahora, era santo y seña del quinteto, con
sus añoranzas del cariño fugaz. Ahora bien, el aviso para navegantes
llega, otra vez, con el in crescendo rítmico de "Mariposa",
una reflexión de voz, teclado y loop, que paulatinamente se enriquece
con la incorporación de otros instrumentos a su tesitura. Quiénes
somos y adónde vamos... ¿Existe la casualidad en esta vida? ¿Cómo
hubiera sido cada uno de nosotros, si nuestros padres hubieran esperado
un segundo más, a la hora de hacer el amor?, parece preguntarse Amaia,
dándole vueltas a lo que puede dar de sí el "efecto
mariposa", la cadena de consecuencias imprevisibles que puede
acarrear cualquier acontecimiento, por discreto y menudo que sea. ¿Quién
iba a prever, por otra parte, que La Oreja de Van Gogh podía
terminar poniéndose pelín filosófica?...
Otro corte de slogan cinematográfico nos llega con "Los amantes
del Círculo Polar". Nada que ver con la reciente película del
mismo título, pero sí con estrofas de atmósfera sideral y envolvente,
para dar cuenta de una relación que nunca pudo ser. Claro que, acaso,
la canción no podría explicarse en sus términos alegóricos, de no
estar precedida en el compacto por las logradas estrofas de "Tantas
cosas que contar". Y, sobre todo, por el tiempo contemplativo
de "Tu pelo", una nueva manera romántica de ver lo que
siempre ha mirado uno, los cabellos en la almohada del chico o la chica
con quien lleva ya años de convivencia en pareja.
Realmente, nada resulta casual en este compacto. Ni el orden de sus
canciones. Y lo prueba, a sus postres, la ironía que le pone galones a
la reflexión en "La reina del pop". He ahí un tema de
ecos nuevaoleros, en el que La Oreja de Van Gogh hila fino, entre
el homenaje y la parodia, para referirse al mundo de los divos. Un mundo
de lentejuelas que nunca le hubieran dejado soltura a un grupo para
componer "Desde el puerto". Así se llama la canción
marchosa que, compuesta y estrenada ya en su pasado calendario de giras,
cierra el compacto de La Oreja, con un estribillo verdaderamente
explosivo.
"Desde
el puerto" encontró su sitio en "El
viaje de Copperpot" por "aclamación popular", lo cual
viene a demostrar que seguimos hablando de una banda muy viva en nuestra
escena pop. Nada que ver, desde luego, con las bandas de un solo álbum
que pueblan de posters las carpetas de los adolescentes. Y, sobre todo,
ahora, que bajo la producción de Nigel Walker, La Oreja de Van Gogh
ha logrado redondear una producción de bases rítmicas modernas. Bases
tocadas o programadas por ellos mismos, con tanta tecnología punta a su
servicio como buen gusto a la hora de recurrir a ella. El quinteto
donostiarra compuso las canciones de su segundo álbum, entre los meses
de enero y mayo. Un tiempo record, teniendo en cuenta que, en su local
de San Sebastián, fueron capaces de tejer hasta 23 canciones, entre las
que poder elegir una docena. Canciones incluso de despedida, entre otros
motivos de tristeza, que sin embargo pudieran sonar risueñas...
La
playa
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